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Warmi

Warmi
Warmi Autor: Monserrat Fernandez Ed. Gente Común, Bolivia, 2011 60 p.

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Así como Penélope espera por muchos años a su marido que ha emprendido un viaje por el mar, Warmi espera al cadáver de su esposo, se detiene en el tiempo tejiendo no la espera sino la partida, una partida sin retorno.Reflexionando sobre “la ausencia” en la literatura a partir de una lectura de Werther de Goethe, Roland Barthes nos decía que el lenguaje nace en la ausencia. Es éste el espacio de carencia y silencio adonde precisamente se asoma la poesía, la palabra poética pretende nombrar lo que intrínseca o arbitrariamente no tiene nombre, recrear el silencio. De este modo, la poesía toca e inventa los límites del vacío que existe en el lenguaje y en la realidad.EL TIEMPO DEL DUELOWarmi es un poema extenso que ejercita el vacío de la palabra generado por la muerte y la ausencia. El tiempo de Warmi es el tiempo del duelo, rito que constituye a la voz poética y la modela a lo largo del poema. La voz de la viuda navega en la lágrima, en esa gota de agua que alimenta y crea al lago; de esta forma, el agua es un elemento de unión con el otro, un lazo incorruptible dotado también de voz. Entre otras imágenes alegóricas de la viuda está el luto, que en este caso está cosido al cuerpo, los retazos de tela negra se van uniendo al cuerpo con un hilo, con dolor y con la palabra que busca dictar un inicio y un final. Este hilo une y adorna, cose y borda el luto de la viuda que va descubriendo en su cuerpo estos pedazos de tela negra, fragmentos de su pena y fragmentos del amor.  Así, la palabra une el luto al cuerpo y adorna la muerte al mismo tiempo, acompaña el duelo.Barthes dice que el que ama es siempre el que se queda, por tanto, la ausencia amorosa está en quien se queda. También apunta que históricamente las mujeres han ocupado ese lugar de espera; el hombre navega, huye, mientras que la mujer se queda a esperarlo. De este modo, la espera y la ausencia son el gesto femenino por excelencia. Es la mujer quien crea una ficción en un intento por dar forma a la ausencia. En este sentido, Warmi, la viuda, se enfrenta a una partida sin retorno, el hombre muere. “Ahora/ aislado/ tan pronto su mano fuerte afloja/ un camino tan sencillo se hace lluvia/ y es el frío en todo lo que alcanza”. Ante esto, la voz poética se impone un destino. “Te has muerto con el designio de hacerme llover/ las penas caen y el viento se aísla de ellas/ soy una gota de cuerpo que llora sobre mí / en medio del sendero”.Este destino es el duelo, ese tiempo que aparentemente se detiene mirando en el pasado, así la voz poética se construye a sí misma en el pasado para luego transformarse. “Lo sé/ sin ojos el miedo llegó por primera vez, pero haz nido / los árboles hacen lo mismo / mira hacia atrás/ los árboles hacen lo mismo”.  EL AGUA Y EL CÍRCULOEl agua, la lágrima y el lago retornan a la voz poética al comienzo, porque Warmi se hace circular, después de inventar y sufrir el duelo por la ausencia, se vuelve a la muerte, al otro que finalmente responde “estoy tendido/ y así yo coincidiendo con tus hilos / y una voz que fue inicio”. Allí se instaura otra espera y otra ausencia, ahora Warmi es la ausente.El momento pasa irremediablemente.BIOGRAFÍAMaría Montserrat Fernández Murillo nació el 13 de junio del año 1984. Es licenciada en Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés y docente de la misma institución. Fue ganadora del premio de poesía de la Cámara del Libro y la Fundación Pablo Neruda con el poemario Crisálida Andina (2008), conformado por seis poemas extensos que rescatan figuras míticas para habitar el espacio andino. Su segunda producción, Warmi, es un poema que cuenta el duelo de la esposa del pescador muerto; rito que sucede a orillas del lago Titicaca. Tres son las voces que se distinguen en el poema: la de la esposa, del lago y del muerto. Cada voz cuenta el tránsito del dolor al júbilo, que contiene toda muerte.

(Claudia Pardo)

*Texto leído en la presentación de Warmi, el miércoles 23 en la Cinemateca